Un informe global de Naciones Unidas reconoce avances en eficiencia y certificaciones verdes, aunque advierte que la inversión debe más que duplicarse hacia 2030.
La construcción sostenible dejó de ser un atributo de nicho, pero todavía avanza por debajo de lo necesario. El informe global 2025-2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala que la intensidad energética de los edificios cayó 8,5% durante la última década y que las certificaciones verdes casi se triplicaron.
El progreso es relevante: significa que cada metro cuadrado construido necesita, en promedio, menos energía para operar. Sin embargo, el crecimiento de la superficie edificada y la lentitud de las renovaciones mantienen al sector fuera de la trayectoria compatible con emisiones netas cero.
Del diseño eficiente al desempeño medido
Para cerrar la brecha, la inversión mundial en eficiencia energética de edificios debería más que duplicarse y alcanzar US$5,9 billones hacia 2030. Esto desplaza la discusión desde las declaraciones ambientales hacia decisiones verificables: envolventes térmicas, equipos de climatización eficientes, energías renovables, medición de consumos y materiales con menor carbono incorporado.
En el mercado inmobiliario, la eficiencia también tiene una dimensión económica. Un activo que consume menos energía reduce costos operativos y puede sostener mejor su valor frente a normas más exigentes. Para arquitectos y desarrolladores, el desafío es integrar estos criterios desde el anteproyecto y documentar el desempeño esperado, en lugar de sumar tecnología como una corrección tardía.